lunes, 24 de octubre de 2011


De todos y todas es sabido que la construcción es uno de esos sectores de mayor peso específico en cualquier sociedad de nuestro primer mundo. Curiosamente, cuando asistimos a uno de esos cíclicos períodos de expansión económica, también asistimos a un repunte en la actividad constructora. Así podemos concluir sin riesgo de equivocarnos que la construcción pertenece a los elegidos sectores dinamizadores de nuestra economía. Pero, ¿a costa de qué?

Fundamental, contar con los datos precisos
En la Unión Europea, la construcción de edificios consume el 40% de los materiales, genera el 40% de los residuos y consume el 40% de la energía primaria. Estos datos nos hablan de un sector profundamente impactante sobre el medio económico, ecológico y social, en definitiva un sector INSOSTENIBLE.
 La importancia del sector constructivo nos da idea de los denodados esfuerzos que debemos llevar a cabo para conseguir avanzar hacia un modelo de construcción que no despilfarre energía, recursos naturales y, a su vez, no desborde nuestros vertederos con una avalancha de los denominados Residuos de Construcción y Demolición, en definitiva un modelo de construcción SOSTENIBLE.

Se ha procurado considerar los requerimientos tanto para viviendas como para edificios de servicios o industrias. Obviamente, cada uno tiene sus particularidades, pero las indicaciones que se dan son aplicables normalmente a ambos. También se ha tenido en cuenta tanto la construcción nueva como la rehabilitación o, incluso, la incorporación de equipos o instalaciones (p.e. para climatización).

Asimismo, la construcción de un momento histórico dado responde a una realidad social, política y económica determinada. El paso del tiempo, los avances tecnológicos, han desviado el camino de nuestras sociedades de tan loable adaptación. Sociedades fuertemente industrializadas, donde el mito de la ciencia y la técnica como garantes de todos nuestros problemas, donde los recursos se pretenden ilimitados, se alejan de forma inexorable de la beneficiosa interacción con su entorno. En nuestros días, cuando la explosión de la conciencia ecológica y el avance imparable de los precios del petróleo hacen que lo ecológico posea un valor añadido, asistimos a un potente movimiento encaminado a construir de forma sostenible. Detrás de este término encontramos propuestas muy dispares que nos hablan de la fuerte polarización en el diseño de edificios ecológicos. Por un lado, la corriente arquitectónica denominada eco-tech hace de su principal seña de identidad los avances tecnológicos, dando como resultado edificios de alta eficiencia energética. Por otro, la corriente basada en la regeneración ecológica de lo ya construido, poniendo en solfa un modelo constructivo depredador de recursos y de territorio.
Entendemos que la construcción en verdad sostenible debe llevar a cabo un esfuerzo de convergencia, de síntesis. La construcción sostenible pretende beber de todos, extraer lo positivo de cada una de las propuestas, sin olvidar el necesario posicionamiento ante propuestas que no siempre se manifiestan con la suficiente claridad.

 Principios de la construcción sostenible 
Aún así, podemos arriesgarnos a esbozar los espacios comunes de todo edificio sostenible como una construcción que:
se adapta y es respetuosa con su entorno,
ahorra recursos,
ahorra energía,
cuenta con los usuarios.




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